YISA, EL RESIDENTE INQUIETO

Sobre exhibición MALINCHE, Santiago de Chile, 2016.

La calle Sazié es un perímetro con memoria: remite a uno de los cuatro lados que enmarcan el barrio que a mediados del siglo XIX recibió a la mayoría de los inmigrantes que llegaron del campo. De alguna manera es un barrio dialéctico, que anuda en sus alrededores las costumbres heredadas de una serenidad rural perdida con el trajín del comercio urbano y el posterior alboroto de la vida universitaria. A cierta altura de esa calle está la galería Sagrada Mercancía, donde Yisa, quien llegó al mundo del arte devolviendo con sus primeros graffitis
un rumor a los muros dormidos, acaba de cursar una residencia de cuyo proceso atestigua por medio de una solución notable.

De esa solución lo menos que puede decirse es que deriva de una lectura inquieta y atenta del contexto en el que la galería se emplaza, como si en sus áreas lindantes pesquisara el artista los elementos encapsulados que forman parte de un destino mayor: el destino latinoamericano. En realidad no se podría haber cumplido mejor con aquello que se espera de una residencia de artista. En la inmediatez del entorno, en las edificaciones vecinas, en las vidas que deambulan incautas por las veredas excavó Yisa los documentos y materiales con los que diseñó su mirada personal sobre ese destino. Es un destino que se mece, que oscila, una cruza heterogénea que la palabra que da título a la obra abrevia de manera impecable: "MALINCHE”.

¿Malinche? El vocablo, como cualquiera sabe, rememora el encuentro doloroso entre dos universos culturales distantes del que terminó por resultar un tercero, motivo por el que el vocablo en cuestión es un híbrido en sí mismo, en el sentido de haber nacido tocado ya por la vara de una irreversible impureza. Esa impureza es el envés sucio y gozoso de todos los fetichismos (¿de todas las mercancías sagradas?), el paraíso de lo abierto en el que solo saben reinar bien los pobres, los perros, los niños. En la punta de ovillo de ese universo libre e infantil resplandece la hibridez de las cosas, un concepto que se ajusta a la perfección desde hace ya décadas a la experiencia latinoamericana.

Esa experiencia Yisa la retrata por medio de tres ejercicios visuales de gran calado que se reparten triangularmente el espacio. Al fondo de la sala se ven a media luz las velas vencidas y desgarradas de las batallas inútiles de otros siglos: las velas son trozos de carne que cuelgan de los hombros cansados de la historia, esos trozos se hunden después en un mar de aceite quemado que devuelve, invertida por el reflejo, la imagen de la catástrofe que dio pie al destino. Al costado derecho se ve a la vez un muro tapizado de punta a punta por bolsas abiertas de sacos de maíz: el maíz habla de la promesa que siguió a aquella catástrofe, corrige un destino aciago, recuerda el trabajo del labrador, la felicidad de la cosecha, la abundancia discreta con la que irrumpió un día el pueblo en la solemnidad de la historia. Al costado izquierdo, por último, se ve una pequeña maqueta levantada con ladrillos que invoca un mundo a medio hacer: es el ocaso de los blocks o de los palomares, el interior húmedo de los ghettosdonde sobreviven los hijos mestizos de la adversidad y el augurio.

Cada uno de los ejercicios visuales elaborados por Yisa remiten a la vez a una geografía precisa: la del mar, la del campo, la de la ciudad. Esas geografías se entretejen al interior de la sala como se entretejen en Sudamérica o en las calles del barrio los “originales” del destino. No es posible que una vida, cualquiera sea, no esté marcada por alguna de estas tres locaciones. Mujeres y hombres provenimos del mar, provenimos del campo o provenimos de la ciudad, lo que lleva por cierto a que Yisa les brinde a cada uno de esos espacios soluciones visuales distintas: a los episodios del naufragio en el mar corresponde una solución de carácter escenográfico, mientras que corresponde una de carácter pictórico o bidimensional a los del maíz y una de carácter escultórico a los de los blocks.

Las soluciones (por llamarlas de alguna forma) se triangulan o se superponen, ofreciendo en conjunto una matriz de legibilidad sobre el mestizaje que no alude a un tiempo intangible, sino que se torna palpable en la anímica material del entorno: los hombres llegaban del campo en busca de nuevos horizontes; dejaban atrás el maíz mientras los trenes partían al mar de noche, envueltos en nubes de vapor y repletos de pasajeros probos. Entre los campos sembrados de ayer y la promesa turística de un mar depurado de memorias y de catástrofes, crecían en los alrededores tristes los blocks destartalados que a uno de los lados de la sala la maqueta reconstruye.

Malinche o malinchismo entonces son los nombres adecuados para una obra dialéctica o pensativa cuyo proceso, rumiado y expuesto por el artista, suspende la primacía de un mundo por sobre otro para exhibir la argamasa en la que sobrevive el drama de la cultura. Es un drama apagado, hecho de hilos sutiles que se enhebran delicadamente en la penumbra: la novela del maíz, el naufragio de las embarcaciones, la sonrisa amarga de los edificios arrumbados, las utopías, los huesos y los ocasos, y los hechos de gentes a los que el artista observa de reojo sentado en una cuneta, con una cerveza en la mano, tan atento a ese ajetreo inmediato y sencillo como indiferente a si llegan o no llegan de una vez por todas las grandes historias.

Registro audio-visual de exhibición

Ficha técnica de imágenes:

1) Imagen de la Malinche extraída del Mural de Diego Rivera.

2) Invitación de exhibición

3) EL ARRIBO / Instalación. Pintura y gastado sobre lona, soga, 240 L. aceite quemado,200kg ripio y maderos. Vol. 90m3
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Registro audiovisual de pieza

4) MAÍZ HÍBRIDO /  Instalación.  Sacos de maíz 18 mt2. Medidas variables.
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5) PUKARÁ / Escultura. Ladrillo princesa y cadena de acero. Medidas variables.
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6) Juegos de Territorio /Mesa de Ping Pong intervenida mediante cambio de estructura y gráfica.

7) Serigrafía sobre papel de algodón 100cm x 70 cm, simulación de saco de maíz híbrido.  

8) Ilustración de Mito Popol Vuh de creación del hombre.

9) Referencia de arquitectura de supervivencia Latino Americana. 

10) Emblema de la Escuela del  Sur, creado por Joaquín Torres García.

11-17) Registro de proceso de residencia en espacio Sagrada Mercancía .